Mayo 20, 2010
CIEN AÑOS NO ES NADA...

«Entonces era otra vida distinta», resume con estas palabras su trayectoria vital la recién estrenada como centenaria de Santa María de la Vega. Lo mismo recita una antigua loa a la Virgen que un refrán e, incluso, evoca con todo detalle los juegos de su infancia y juventud en «Redelga» y «Verdenosa», los dos Barrios del mismo pueblo que dieron lugar a la denominación de Santa María de la Vega en el primer cuarto del siglo XX.


1_318Las fértiles tierras de este pueblo ribereño al río Eria que en verano siempre está seco y en invierno ocasiona fuertes inundaciones sobre sus tierras ribereñas e, incluso casas, fueron recorridas durante muchos años por quien desde el pasado lunes se ha convertido en la venerable señora de Santa María de la Vega. Josefa Vara Ríos, hija de José y Antonia, nacía un 10 de mayo de 1910 en el Barrio de «Redelga», cien años más tarde y coincidiendo con el mismo día, el alcalde, José Luis Macías Valderrey, acompañado de concejales y vecinos quisieron homenajear a su vecina más longeva acudiendo en comitiva desde el Ayuntamiento hasta su casa para felicitarla y hacerle entrega de una placa conmemorativa y de un ramo de flores. Hasta su sobrina Aurelina, quien se encarga de que reciba las mejores atenciones, no pudo contener la emoción. Incluso la venerable señora no dejaba ni un momento de que todos los asistentes estuviesen bien atendidos.


La vitalidad, energía y memoria de la que goza Josefa Vara no tiene parangón. No en vano, Josefa todavía coge el zacho y mulle los ajos o cava alrededor de las plantas, «cuando hago eso me encuentro mejor, estoy entretenida, pero después estoy fastidiada» explicaba ayer sentada sobre la mesa camilla de su cocina contemplando el corral de la casa y viendo la menuda lluvia que caía al mediodía sobre Santa María de la Vega. Estos trabajos a los que está acostumbrada la vecina más longeva de Santa María ya le han ocasionado algún disgusto, aunque el mayor fue hace unos siete años cuando se cayó sobre el suelo de su habitación cuando estaba haciendo la cama. Una rotura de cadera la llevó al quirófano «y quedé como una rosa, divinamente», dice. Pero si grande es la energía física que demuestra Josefa, no lo es menos la mental. Incluso por su cabeza pasan multitud de recuerdos de este siglo de vida.


A Josefa le gusta estar enterada de las noticias. «Todavía leo el periódico, claro las letras grandes, los santos, para ver lo que pasa». Las pequeñas páginas de los tacos del calendario de pared del Corazón de Jesús, los lee y relee Josefa, también se atreve con los rápidos rótulos que aparecen en la pantalla de la televisión. Su vista privilegiada es igual que su memoria cuando evoca con todo detalle los nombres y vicisitudes con sus amigas de la infancia y juventud, los juegos como el de la calva, aunque entonces el palo al que se golpeaba con el morrillo no era como el de ahora, así como los cánticos después de la iglesia.


«Entonces había misa y rosario todos los días, veníamos cantando por el camino cuando veníamos de la iglesia, ¡que vida más distinta!», repite. No duda Josefa en entonar la canción con la que ella y sus amigas le pedían el aguinaldo al cura, «al señor cura le cantábamos: Y también al señor cura una cosa le encargamos, que para el día de Reyes nos prepare el aguinaldo y nos prepare de castañas un cuartillo, de nueces tres o cuatro, y turrón ya no le pedimos pa que no salga tan caro». Aunque después, el día de Reyes «nos daba un poco de turrón», confiesa Josefa riéndose


Fuente: La Opinión 15/5/2010

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