"HIERBA" (4)

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Tras un trompicón del carro Doménico sale del sueño. De nuevo no sabe dónde está, no sabe, puesacaba de dejar una inmensa playa de un país desconocido en la que los bañistas pasan lentamente por la orilla comiendo flanines dorados y panecillos blancoscon miel, con nata y con cerezas.
.- ¡ Cómo va a ser… ! – duda al mirar para delante y descifrar las orejas de “Negra” bajo el lejanísimo albor de la rubiana, la cual observa venir desde el otro lado del mundo.
Pero se remueve y se hace consciente, se inviste de ello y sale secreta y tozudamente del país de la felicidad. Ahora, sin esperar a nada, ya sabe quién es, sólo quién es. Se suena para arriba resignado, se agacha, rebusca y recoge las riendas, las cuales había perdido en un momento de la bulla conjunta del carro y el sueño. Hasta quedespiertamás aún.
Sin saber por qué desea cantar, pero mira para atrás y allí están sus hijos, dormidos, y debajo y muertos Sita y Lucino, muertos, muertos para toda la vida. Y además…, cómo va a cantar; ¡ Qué cabronazo, cómo habré podido… ! - se reprende mentalmente-. Y de nuevo se despeña y resigna, abre la boca para desperezarse del todo y duda de la huida y del rumbo que quizá hayan podido tomar. De pronto recuerda los misales que enterró en el abono y del frío, del terrorífico frío que hace,por lo quese aferra con total tesón a la huida, de la que ahora recuerda el motivo de por qué la habían emprendido: debían huir del frío de Osira y del frío de la iglesia, es decir, de la venganza del cura y de lo que les podría esperar a ladrones y a asesinos de amas de curas; pero sobre todo huirían del hambre y de la mala suerte, eso, eso, por encima de todo, de la mala suerte. ¡ El cura de Osira, el cura, don Dacio, vaya con el cura ! – repite con la rienda cogida,cruzándose y apretándose con fuerza los brazos contra el pecho, preguntándose con inquina y persuasión: - ¿ por qué querría el cura robarles constantemente el alma, a ver, por qué…; señal de que sabe hacerlo como don Agracio el de Espira. Ah, el alma, el alma… ¿ Y la de Sita… ? Ahora que lo piensa ¿ y la de Sita ? –. Y repentinamente le atruena por dentro esta pregunta, exaltándose y alarmándose porque tal vez, tal vez la de su esposa anduviera errante y desvalida de un lado a otro de la tierra, o por el aire, y pudiera ser presa de hechizos de brujas o de las propias garras de don Dacio… No puede dejarlo así, no puede.
Saca,pues, decidido la cabeza por la rendija del toldo y dirigiéndose a un tiempo a un lateral del sobrefondo del carro y al cielo y, con la voz descompasada, grita cuanto puede sobre la marcha:
.- ¡ Sita del Ara, Sitaaaaa…! Ten cuidado, Sita, ten cuidado, coge el alma y escóndela, vi a las brujasy al cura… ¡ Sitaaaa…! Y su voz,precipitada y vehemente, se pierde y extravíaentre los posos y vahos blanquecinos de la noche y el aire.
Acto seguido miró varias veces más para arriba y más allá del camino: a las cimas, a las crestas de los montes, por donde lenta y ya más perceptible se acrecentaba la rubiana transformándose gota a gotaen los primeros y palidísimosheraldos de un amanecer todavía y sin concreción alguna.
 
¿ Qué pasa, qué pasa padre, está viva madre ? Padre ¿ por qué da voces ? – dice de mala gana Marita -. Se ha despertado Popo ¿ ve ? Y ahora el pobre da vueltas y no sabe dónde está. Y a lo mejor quiere bajarse a mear...
Pero de repente el carro comienza a rozar ásperamente contra el suelo, se arrastra, va rozando contra él, se desliza dando un rasponazo largo y rechinante y, tras someterlo a un giro descomunal, “Negrita” se detiene.
.- ¡ Ay de mí, se habrá roto todo… ! - se asustó la muchacha.
Abren el toldo, se bajan del carro e, inmediatamente, los tres se agachan para comprobar qué le ha pasado alsobrefondo del carro. Se había desclavado una tabla y por el hueco abierto, colgando, se había salido un brazo de Sita y marchaba dando bamboleos para atrás y para delante.Al verlo,Marita junta las manos yse santigua, lo mismo que Doménico.
.- ¡ Menos, menos mal que nos avisó a tiempo que, si no, los perdemos a los dos ! No, si ya sabía yo que…- asegura el promotor de los que huyen.
.- ¿ Y ahora… ? - pregunta gesticulando Marita, una vez recolocado el brazo de su madre.
.- Anda, busca por ahí un canto grande, que le doy a los clavos y ya está – le ordena su padre.
Popo sólo mira porque no ha hablado nunca. Caen gotas fríasque le dan en las sienes y en los ojos y se restriega la cara con ellas.De pie, siguiendo fijamente las evoluciones de su padre y su hermana, mueve constantemente los pies haciendo oscilar el cuerpo de un lado a otro, se estira y tose, y se apoya en los muslos para agacharse y mirar. Está allí y acerca a los clavos la cara y sus manos semitullidas, pero su corpachón fenomenal expresa la fuerza con que mató a su hermano.
Mientras Marita busca un canto grande, Doménico se acerca a su hijo y le dice al oído:
.- No tengas miedo Popo, tú no eres Caín, hijo, no eres Caín, cómo vas a serlo (ni yo tampoco, yo tampoco soy un Caín, pensó) Anda, reza por mamá y por Lucino - . Y le toca la cabeza y lo mira de soslayo deteniendo un momento su manosobre el pelo, golpeándoselo ligeramente.
En este ínterin está teniendo lugar un amanecer sin viento, pero este esquema se rompe porque enseguida aquél acaba por hacer acto de presencia y se afirma de forma definitiva sacudiendo con fuerza las varas de los fresnos y las támaras y contra los restos secos de cardos que vienen de lejos, de aquéllos que se detienen para ir dando saltos y correr ladera arriba o ladera abajo sin que pueda saberse nunca dónde definitivamente pararán. De frente, a lo lejos, el resplandor se levanta hacia arriba, crepita y se levanta como hierro hirviente sobre los cerros más distantes, algunos desmembrados y oscuros. Viendo el gigantesco holocausto de la mañana, Doménico, admirado, sospecha que tal vez algo misteriosopudiera estar ocurriendoallí.
Con el “zas, zas, zas”, de los golpes secos sobre los clavos con el canto que ha traído Marita se impone de pronto la realidad; después de aquella sensación de inexplicable certeza, la tabla desclavada vuelve a encajar en su sitio yel cajón-ataúd se acaba por cerrar.
.- Venga, arriba otra vez. Vamos a bajar sólo otro poco y luego paramos y, si podemos, los enterramosy ya está.
.- Pero ¿ y comer, padre, nunca vamos a comer algo… ?; ya me estoy muriendo. Y Popo, con lo que come cuando...
.- Bueno, anda, saca la hogaza y dame, que parto. Y también saca esa botella que traje de Oro Santo (total, con las que el ama tenía allí dentro, pensó…)
Pero por más que registran y buscan no logran hallar ni el pan ni la botella de que habla Doménico. No están arriba ni abajo, ni a derecha ni a izquierda, en ninguna parte ¿ cómo es posible… ?
.- Popo ¿ has comido tú el pan, lo has comido ? ¿ y el vino, tampoco sabes dónde está ?; a ver, dame el aliento - le exige Marita - ¿ no los viste en el fardel que metí en la talega ?
Popo da el aliento a su hermana varias veces y niega con lacabeza insistentemente, y aunque Marita le huele y le hueleel aliento, no halla nada. Pero saben que Popo nodice siempre la verdad, por lo que a pesar de todo se alteran y se ponen nerviosos preguntándole y volviéndole a preguntar; luego miran y remiran con rabia a un lado y otro y luego en todas partes. El hambre, el hambre ¿ Se habrá caído el fardel…? ¿ ... y cómo ? sopesan mientras las rachas heladas de viento arrecian y silban contra todo a su paso. “Negrita” ha empezado a cocear de forma desacostumbrada, remueve inquieta el carro haciéndoles perder el equilibrio, por lo que bajo el dominio de las circunstancias y fuera de sí, Doménico suelta maldiciones y juramentos que él mismo había creído desechados y olvidados ¡ Quién los habrá encontrado… ! – insiste preocupado y deprimido ante la calamidad de la pérdida del avituallamiento -. Alguno dirá dónde estamos. Seguro que el que los haya encontrado irá corriendo a decir dónde los encontró y nos vendrán a detener; no, si nos meterán en la cárcel y, si no,ya, ya lo verás (y el peso correspondiente por la presunta muerte de Flora poco a poco le trastorna el ánimo hasta hacérsele insostenible, dado que por momentos siente que se le agolpa en el estómago y se lo aprieta, y que inmediatamente le sube por la garganta arriba y se la rodea como un grillete inclemente y demoledor)
.- Y ahora ¿ qué vamos a comer... ?
.-¡ Hostias, eso es lo que vamos a comer, Marita, hostias fritas y nada más !Porque a ver ¿ cómo queréis que lo sepa… ?
Y tiritan, tiritan tanto que se mueven sin cesar, se golpean y restriegan las manos y optan por frotarse los brazos contra el cuerpo mientras tosen de forma ronca y se les agrian yoscurecen los rostros. Poco a poco bajan las cabezas, esconden los rostros y las piernas apenas los sostienen.
.- ¡ Total, por un día más que no comamos nada, tampoco nos vamos a morir ! ¿ no …? Y, si no, comemos carámbanos, cojones, que también alimentan – profiere Doménico con los ojos sumergidos en una crisis de rabia e inminente llanto.
La rubiana ha ido haciendo presente con la alborada de la mano, por lo que ésta, paso a paso ha ido acercándose, haciéndose crecientemente luminosa pese a todo y frente a todo; el horizonte ondeaba con un fleco efervescente y brillante cual si emitiera ámbar, o como siestuviese soltandoiridiscencias de plata y plomo recién sacados del mundo y recién fundidos.
 
 
 
 
XI  
 
 
 
Duro silencio. En el interior del carro, en la parte alta, hay un candil y un farol colgados pero no hay relojes. Desde dentro se oye el rechinar de de las ruedas sobre las piedras, sobre el reblo, sobre trozos de hielo, prácticamente sobre el aliento y los huesos durosque genera la desolación.
Debería, debería haber silencio, silencio total. Pero no. Ahí está el rechine que oyen desgastando cada instante que llega para hacerse más presente para inmediatamente roer el recuerdo que cuanto antes desean olvidar, contribuyendo a que marche más insano aún hacia el olvido y que sea difícil de asimilar.
El corazón de Doménico, imparable, le late despiadadamente y aún no ha tenido tiempo para tocárselo. La tierra y el cielo, el cielo y la tierra ¿ por qué habrán venido a juntarse encima de mí, aquí ? – es una pregunta que le hace daño a fuerza de correrle por el pensamiento, convirtiéndoselo en algo similar a una nebulosa infernal sin fondo ni contornos. “Negrita” no lo sabe y tira y tira del carro, pero ambos, tierra y cielo, están allí apelmazados, ahogándolosa base de hambre, incertidumbre y frío a todos, aunados y removiéndose hacia adelanteen un mar de piedras y olas, de angustia y negraspremoniciones,negras, muy negras.
Esta última noche Doménico necesitaría llorar por tanta hambre, desolación y frío, pero no quiere hacerlo a despecho de tanta necesidad, no, no debe, siempre quiso ser un hombre, y tampoco quiere llorar hoy. No, noha tenido soledad bastante, ni tampoco tiempo. Por eso, cuando las ruedas del carromato discurren un momento por tierras blandas y el ruido permite diseccionar levemente el Destino, ha hecho acopio de todo el valor de la creación, por lo que enternecido, y dirigiéndose a su mujer, tiene para con ella las siguientespalabras: “esposa querida, Sita del alma ¿ dónde estas, amor de mi vida ? Aunque parece que vas con nosotros, no vayas sola por el aire, hay gente muy mala por todas partes, estáte a nuestro lado, a mi lado, como cuando nos reíamos y cogíamos margaritas por la pradera aquélla de la romería ¿ te acuerdas, te acuerdas, Sita ? Ah, para ser muchacha qué veloz eras, qué joven y que bella eras, Sita. Entonces yo componía canciones y poemas para ti y luego te los llevaba a la ventana. Sita, querida, te juro que te he amado con todas mis fuerzas, con todas las fuerzas de mi ser y de mi alma. Pero no he sido nada, nada, y hasta menos que nada de nada, sólo un mastuerzo como dice la gente de por aquí, Sita, un vagabundo que llegó a Osira y te embrujó, un atorrante y un maldito baldío,un mala sombra, una torva mala de aire, eso he sido. Yo no sabía que llevaba encima el hambre como la peste yeso era lo que te ofrecía cuando cantaba y tocaba en la iglesia para que se salvaran las almas. Amor mío, aunque sea tarde, perdóname; no sé dónde cogí esta enfermedad terrible con que te he matado. Oh, Sita, esposa, micompañera querida, si pudiera volverte a la vida – y se le arremolinancon urgencia las lágrimas – renunciaría a aquellos ramos de flores que cogí cuando te conocí,y hasta a los claveles ya las margaritas de la romería. No, no me amarías, Sita, ya lo sé, pero yo no te habría matado de hambre como lo he hecho, y ya,yanunca, jamás podrías morir por mi culpa”.
“Y tú y yo, hijo diceprocurando dialogar a continuación con Lucino – qué poco, qué poco hemos hablado en catorce años. Pero sí, sí, recuerdo queun díate dije que había un sitio en el que yo había estado y donde los árboles eran todos palmeras gigantes y la arena del mar pepitas de oro ¿ te acuerdas, Lucinico ? ¿ te acuerdas, hijo, que te lo dije ? Pues no era más que un embuste, el sueño de un embaucador, de un padre cuentista, de un puro farsante. Te quiero hijo, te quiero y, si me dejas, te lo digo ahora, te lo digo: te quiero, sí, te quiero Lucino, perdóname también si me ves o me oyes, por favor, perdóname igual que quiero que me perdone mamá. Y si la encuentras, cuídala, cuídala mucho Lucinico. Mamá es tan sensible…; ¿ te acuerdas cómo era mamá ? Y además, ya sabes que por las tardes, cuando había, a ella le gustaba ponerse en una taza unas gotas de té. No olvides eso por nada del mundo,Lucino, hijo, por favor, no lo olvides. Por eso se murió mamá, porque yo no pude traerle a tiempo unas gotinas de té, sólo por eso se murió, hijo, sólo por eso; le entró tanta tristeza...
- Arre, arre, vamos “Negra”, vámonos, anda, anda y sácanos de una vez del hoyo”.
Y las palabras acerca de lo que acaba de pensar y decir parecen revolotearle y cuajárseleen la boca; ahora, justo cuando el sol parece que va a poder romper la cortina de lluvia; qué bien, qué bien, así podrían llenarse de luces las praderas, llegó a pensar
Doménico.
 


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